En gran medida, el devenir histórico de Nava del Rey está ligado a la producción de vino. La presión demográfica y la demanda de productos en los mercados medinenses trajo consigo una ampliación de las tierras de labor —gracias a la roturación de montes— y el viñedo se convirtió en uno de los principales recursos, especialmente por la elaboración de vinos añejos o rancios que eran exportados al norte peninsular, destino que se consolidará en los siglos XVII-XVIII, época dorada de los vinos de la localidad.
Uno de los aspectos más desconocidos del patrimonio histórico de Nava del Rey lo constituyen las bodegas tradicionales o subterráneos excavados en la arcilla para almacenar el vino. Ubicadas debajo de las viviendas, las más de 400 bodegas tradicionales de Nava del Rey conforman un sinfín de galerías, cañones, accesos y respiraderos: auténticas catedrales subterráneas construidas debajo de las viviendas gracias al buen hacer de albañiles locales, a veces llamados «poceros» o «bodegueros».
Además, el visitante puede conocer in situ la elaboración de una barrica en la Tonelería Burgos —fundada en 1941—, un oficio en desuso que pervive en la localidad dentro de una de las dos tonelerías existentes en Castilla y León.
El visitante puede complementar la visita a Nava del Rey con toda una oferta enoturística dentro de la Ruta del Vino de Rueda, un proyecto financiado y promovido por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo a través de la Secretaría de Estado de Turismo, al que se suman ayuntamientos, Consejo Regulador de la DO Rueda, bodegas, restaurantes, alojamientos y un largo etcétera de socios con el fin de dinamizar turísticamente el amplio territorio de la Denominación de Origen Rueda.